miércoles, 31 de marzo de 2010

La consigna de otro intento




Volver a amarte, volver al origen
de donde nunca me he ido;
de tu alborada azul
de tu pequeño tutor de mimbre
donde aún descansa mi sombra;
allí sobre la planicie ansiosa de estíos.

Volver hasta la orilla emancipada,
hurgar en los trastos olvidados
donde marchitas las hojas que escribimos
reverdezcan en abrazos de lluvias;
donde purgar la condena de los descuidos
sea la consigna de otro intento.

Volver y ser, la palabra en tu boca,
el nombre austero que llamas,
el que muerde tu melancolía
tu espera imposible, la que no esperas
desde la brújula rota olvidada
en los jardines de un adiós egoísta.

Volver y desoxidar los labios
abarrotarlos de sabores nuevos
y encontrarnos a la intemperie
desnudos en el primer beso,
sabernos antiguos amantes
recuperando la magia de los sueños.

martes, 30 de marzo de 2010

Despiertas...




Amor hambriento,
aliento a fecundo polen
gestado entre tus piernas.

Primigenio amor,
lactancia adormecida,
nido y cencerro
llamando al albur a rebelarte,
a ser la esfinge de caña dulce
y morir bebida
en la cosecha de la sangre,
de tu sangre vertida,
erupción volcánica
amor de magma
cediendo al conjuro ígneo
de la carne.

sábado, 27 de marzo de 2010

Tu paz en calcetines sobre mi fachada




Pasas y todo muta;
los helechos se descuelgan en lluvias,
los pisos cuadriculados giran,
se tornan armoniosos calidoscopios;
el gato se vuelve alfombra y tus pasos de seda
peinan la brisa del silencio con su lenta melodía.
Pareces la paz en calcetines
recorriendo mis fachadas.

Pero no te quedas,
pasas a respirar huidas de corduras
a embalsamar palabras en versos de yeso,
irreconciliables
con el anárquico ritmo de tus tiempos.

Pides silencio,
que hay ave emplumando miedos,
que la frugalidad del nido servido
corteja tu libertad de vuelos
con chantaje de besos.

Y pasas, como musa onírica
en los acordes orgásmicos de mis versos,
y el silencio calla para oírte en poesía;
tu paz en calcetines sobre mis fachadas.

viernes, 26 de marzo de 2010

Viento, el mismo viento





Me gusta el otoño
con su calvicie de hojas
con sus pestañas secas
como hojas de recuerdos;
cada una es una escama de memoria.

Tú y las huellas
regando de esencia;
un soliloquio de espantapájaros
en un campo de palomas
y sus vuelos de hambres
sobre la piel de sus harapos.

En los surcos de una frente marchita,
el otoño acumula tus hojas.

Viento, el mismo viento
susurra un nombre cosechado
y las palomas sobrevuelan,
el campo estéril de tu memoria.

Articulando-te




Llegas, tocas, ordenas;
impulsos
contraen y relajan;
vertiginosas hormonas,
adrenalina en danza,
euforia en suspenso;

ciento veinte pulsaciones
ecos de tu llegada;
arritmias en Si bemol
predicen en sostenido
la eyaculación del alma.

Articulando-te
me desnudo,
entre el beso y las palabras.

lunes, 22 de marzo de 2010

Cinco minutos




Elegía de vientres anexados
implorando dos toques de cesura,
duelo de sábanas
pintadas de transparentes huellas.

El silencio pintó agujas en los ojos.
Un cielo de terrazas caía del abandono
y una cola de esperma flotaba sin su cuerpo,
moría suavemente el éxtasis,
arrollador génesis abortado.

Cinco minutos aplacaron la urgencia,
las agujas clavadas entre las costillas del tiempo
sucumben como gigantes tótems
en las espaldas indiferentes.
Inexorable el tiempo acaba.

Se duerme mirándose
entre dos coordenadas extraviadas
en el meridiano del vetusto deseo;
la absurda mentira
del amor eterno.

sábado, 13 de marzo de 2010

En el vértice de la aurora



Palpar la piel, robar de a dos los besos a la tarde;
eso dijimos, sentados al poniente de un deseo.
Atravesar la puerta hasta esa luz,
beber las calles desde la pausa del sol
hasta el ansiado abrazo de las farolas.

¿Qué harás amor, cuando acabe la noche?
Sonrío y callo sobornando en besos
los radiantes jazmines de sus senos.

Pienso. Mientras en el vértice de la aurora
la luna musita un hasta luego.

Palpar la piel, sustraer los restos de la tarde:
trozos de sentidos esparcidos,
leños calcinados,
para renacer luego
en cada beso de memoria
cuando enrarezca el aire
y el yermo vientre del deseo se haya ido.
No tú ni yo; el deseo.

viernes, 12 de marzo de 2010

Abandono



Apenas abro a tus ojos
me descubro ausente,
indiferente a tus miradas;
el abandono y yo
murmurando desconciertos.

Cuando olvidas mirarme,
ciegas mis manos.

Las caricias duermen
a la intemperie.

jueves, 11 de marzo de 2010

Anatomía de los ojos


Ya deshojo cosas;
las margaritas se acabaron
en el último suicidio de amor.
Deshojo piedras:
lajas blancas, sonrisas negras;
deshojo orejas redondas y grises
de paquidermos abandonados;
deshojo ovejas descarriadas. Las cuento.

Deshojo ojos;
adivino en cada lágrima
la última moradora,
el último transeúnte devorado
por boca-nadas de olvidos.
¡Mira que guardan muertos esos ojos!

Deshojé los míos;
murieron tantos fantasmas.