sábado, 17 de abril de 2010

Dame las manos sembradas de ti






Dame las manos sembradas de ti
para vestirme de ellas y ser le caricia perpetua
el código cifrado de tu génesis
y sentirte la maravilla cubriendo mi universo.

Abraza mi espera y sus rincones ocultos
anhela conmigo pisar la misma huella
el mismo tránsito por callejas ebrias
cuando cante el alba su sed de vino.

Dame el tiempo de alondra temerosa
haré un nido de gárgola
entre dos torres de nacarados sueños
donde gima el vientre su hambre de vida.

Regresa ahora del silencio
hay una espera de labios impacientes
colgados de una antigua melancolía
encuadrando los mustios recuerdos.

Se por un instante la plegaria del beso
la reconciliación de la rosa y su espina;
no niegues a mi infortunio
el derecho a reencontrarte.

Hay buscadores de olvidos espiando las calles
ellos pervierten los recuerdos y sus huellas
los mapas y sus trazados que te lleven a rozarme;
se la cruz de mi brújula, mi molino de viento.

La urgencia que clama mi simiente
en la vorágine crepuscular del hombre;
el que ansía ser inmune al olvido
enarbolando la certeza de tenerte.

lunes, 12 de abril de 2010

Tú, blanca estatua de nubes



Voy mudando de rincones,
los ocho vértices posibles del cubo
pretendiendo encontrarte amparada
en sus bocas hambrientas;
tú, blanca estatua de nubes
te escapas por la comisura del vacío
sin poder detener la estampida
de los sapos enamorados de la oscuridad,
los que se rebelan cuando bosteza la luz.

Después, la consola solar
y sus vinilos multi orgásmicos
refutan la vorágine del viento
y son miles los lúmenes nacarados
explotando en racimos sobre los ojos.

Y te acercas liberada
en batir de alas, me vendes un sueño,
plantas un unicornio sobre un cono de fresas
y yo te miro, sí, absorto te miro
como construyes ladrillo sobre ladrillo
el castillo de naipes más bello,
el puente levadizo a tu corazón de manzana
con ríos de chocolate y menta
y expones tus trazos en veleros
para navegar infinitos.

Y me deslumbro, tomo tu sonrisa,
la calzo en el dedo anular del sueño;
me permito ser aventurero
intrépido caballero de tinta y pluma,
un aprendiz de poeta
inventándote en versos.

domingo, 11 de abril de 2010

Sin poder abrirte




Pensarte
en la acequia de la noche,
ajena, distante
mientras la llave se traba
y no puedo abrirte.

Desheredarte el mar,
que no te distraigas
con sus guiños de ausencias
y voltees los girasoles
hacia el resplandor
que se cuela
debajo de tu alfombra.

Pensarte, sólo pensarte,
difuminada
en la inalcanzable distancia,
“conociéndome largo
como el espacio de un beso”.

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“conociéndome largo
como el espacio de un beso”


A.Margot (Poeta)

viernes, 9 de abril de 2010

Cuando mi hombro te inventa




No sé quién eres
si tus huellas van o vienen o viceversa;
hasta a veces pienso que no existes
más que en mis hombros
cuando te invento hablándome al oído.

Pero respiras, siento tus pulsos,
en la misma pendiente que abraza mi garganta
cuando cierras la ventana
y el día se alarga
hasta el tiempo de volver a rozar tu misterio,
donde otra vez vuelves a ser suspiros
que aprehendo entre mis dedos;
en la afinación de mi lengua
que repite tu canto
besándome al oído
cuando mi hombro te inventa.

Un día de estos
se me dé por confesarte;
quién sabe...
hasta puede que te bese.
Mientras tanto
cuido la rosa que te extraña.

jueves, 8 de abril de 2010

Cien mil noches para extrañarte



Quizás las cien mil noches
con sus despedidas, no lo sé,
pero me provoca tristeza verte partir,
como si se apagara el alba
y todo quedara otra vez en penumbra.

Quizás sean las mareas de murciélagos y la luna
o la sombra de la rosa
que se pierde en la curvatura de la tierra;
la mano temblorosa que sostiene tus alas
para que vueles tras el sol.

Quizás no busques un sol
y sólo estés de paso besando las palabras
las que alguna vez fueron versos
y hoy rescatas como si fuesen hermosas flores de otoño.

Es verdad, hay tristeza en el aire,
verte desde atrás
cuando cada vuelo te marchas
apagas la vela y enciendes la noche
y todo queda otra vez en penumbras
hasta un nuevo hola amanecido
al desayuno siguiente.

Quizás sea solamente
otra noche para extrañarte
y estás triste
y estoy triste porque lo estás,
sin poder siquiera abrazarte,
como a la sombra de la rosa
que se pierde en la curvatura de la tierra.