miércoles, 28 de julio de 2010

Mujer de hierba




Ahora es hierba,
su imperecedero frescor
arremolina entre mis vuelos de poeta,
sólo puedo absorber su verdor
como savia; como alimento,
sólo su recuerdo.

Muerde uno a uno mis dedos,
jala el gatillo de mis verbos,
la esperanza de cuatro pétalos se ciega
y susurra al oído de las hojas
su abandono de piedra
que abraza las palabras
donde ella reposa;
mi memoria.

Es mi memoria;
ella canta porque es más que mi canto
es más que dos bocas entreabiertas
enamorando espejos
lamiendo el rubor de su propio rostro;
mi rostro que bebe su reflejo.
A veces evitamos las miradas,
hasta que vuelvo a llover
y ella llueve conmigo.

Como si nada...




Tapaba mis baches, mis imperfecciones,
los caprichos de mi sistema linfático;
drenaba mis tiempos de roca muerta
y ablandaba la reciedumbre de mis palabras;
partió con el alba, cuando nadie lo previó
ni un iluminado descerrajó un aviso,
y volvieron las barricadas
cerrando la circulación de versos en libre tránsito.

Planté un ciprés en la puerta de la aurora,
los vientos no entran a robar su aire.

Ella está conmigo sentada a mi diestra
cada luna me besa la espalda con sus pechos,
me dejo caer entre sus ramas que se vuelven manos
donde cantan liras y la prisa es solamente
abrazarla, como si nada,
como si nunca se hubiera ido,
como si nada…

miércoles, 7 de julio de 2010

Desorbitada




Ella vino de la nada
tocó el techo con su ego
lavó sus manos en las rosas
rozó unos labios
de un te quiero de espinas.

/Luego partió. Fue un instante/

Escapó dejando agujeros negros
en el planeta de los simios.

Surca su órbita de espinas
en el cielorraso de estos ojos.