viernes, 31 de diciembre de 2010

Bohemia noche

Fueron las esporas, lo sé;
los remolinos de inquietudes
que atravesaron sin querer, el acantilado
de las bohemias noches,
donde hasta el vino se vuelve poeta.

Fueron las manos dudosas
que empuñaron la roja copa
y bebiéronse por la piel
la ufana algarabía de saberte:
íntegra, impoluta, deseada;
rodeando la glotis de un trasnoche.

No hubieron rasgos anegados
de rubor, cuando el beso
rasgó la incertidumbre
y se estableció en el mediastino aéreo,
donde la sangre se alborota y trasciende,
más arriba, más abajo del deseo.

Defender lo indefendible;
contener el aliento entre las piernas;
respirar profundo, absorbiendo
los remolinos de esporas
en travesía infatigable
hasta la boca abierta de tu noche,
donde la oscuridad del hambre
se tragó la flema de la luna y sus rimas,
y los escasos arrebatos de cordura.

Esa noche amaneció lloviendo
en las bocas de los sexos.
Sometimos las miserias
a los versos trasgresores
que hablaron de un amor bohemio
en la noche de tu noche.
Encendimos las pieles
e inauguramos el poema.

Esa noche.

Devaluado

Soy pobre,
pero te he dado
mi riqueza en letras.

Alguna que otra miseria
contaminó mi poesía;
es inevitable cojear los ojos
cuando la sal adultera.

Tan pronto
como recojas esta hoja
y descifres estos garabatos,
seré un indigente más
en el cesto de la basura.

No es tan rentable
la vida de un poeta.

viernes, 17 de diciembre de 2010

Con sabor a manzana

Todos los días se parecen a ti
-en cuanto a sus sabores-.
Hoy, por ejemplo, todo fue diferente;
he comprobado que la manzana sabe a dulce acides
cuando te pienso bajo el árbol eterno.
Y me gustan las manzanas;
mi casa está poblada de manzanas,
mi cama tiene forma de manzanar,
vivo en un antro con sabor a manzanas.
Hoy he pensado en ti con forma de manzana;
de primera mujer en paraíso desolado
y encontré un instante de placer
entre las semillas que rebalsan tu boca.

Como poeta de moradas oscuras,
vislumbré un rebaño indoloro de penas
entre los dientes sucios
y me he preguntado si al comerte
también como mi espejismo de edén.

/ Y no tengo un cepillo dental a mano /

Ella ha reído hoy.
He reído hoy.
Quizás fue la diferencia horaria
entre su reloj y mis coordenadas.
Vi sus dientes mordiendo la manzana
y su boca ampulosa tragarse todo
en un instante mutante,
en el que pienso que sus ojos manzanas
caerán por la gravedad de los días.

Y no tengo un cepillo de dientes
para blanquear definitivamente
los restos de vos -entre mis dientes-.

lunes, 13 de diciembre de 2010

Cuatro labios de rosas

Puedo ser el perro bajo el carro
y seguir el derrotero de tus carnes,
hasta extraviarme donde acaba el norte
de tu inescrupulosa vagina.
Puedo ser el alienígena
en tu planeta extraño
de rulos en la boca
y de cuatro labios de rosas
dulcemente perfumados.

Le hablo a tu epidermis,
la que desase mi lengua húmeda;
la que respiro como dosis de café de insomnio
masticando los sabores de la última cena,
pensando que el tren que pasó
desabrochando tu sexo encapullado
despertó la virginidad del paisaje.

Quien dijo que la carne es pecado,
seguramente no ha probado tu ostra madura
ni ha navegado por las olas de tu infierno
en un viaje de ochenta millas,
alrededor de tu clítoris.