lunes, 10 de enero de 2011

Con las bocas llenas

Maleducada. Bajo mis axilas
te asilas, te arropas.
Maleducada. Bajo mis uñas
te arraigas, me roes por dentro,
intrépida, indulgente. Maleducada.

Tomas los atajos,
los cincelas a tus antojos;
destajas las llanuras.
Las planicies despobladas
los pueblas de pueblos nómades,
de infantes traviesos
que juegan rayuela
hasta el cielo de tu niña,
de tu niña que lame piel de alborada,
que se desliza vientre abajo
y puebla mi despoblado rebaño:
de acertijos,
de solitarias travesías,
contando desesperadas esperas
por alcanzarme.

Maleducada al irte
por los márgenes del diluvio,
sustrayendo los restos de mí
que boyan en tu útero.
Maleducado tu pubis,
maleducado mi instinto;
sorteando los relieves,
mixturando los colores:
negro-cano, rojo –ensortijados-
entre piernas,
entre bocas lascivas,
maleducadas,
que no hablan pero gimen
con las bocas llenas de espasmos.
Maleducada me bebes:
insolente, atrevida.

Sin importar la sintaxis
-de las lenguas-
hablamos el mismo idioma,
sin errores de ortografía.