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Pretensiones

Pretendo hacer contigo: el inviolable pestillo de mi sueño; al que en puntas de pies sigilosos, atraviesas en cada encuentro. Pretendo traducirte con palabras los compases suaves de tus caricias, subyugante mujer apasionada, cautivadora fiera que esclaviza. Pretendo contigo elevarme, al eterno averno pecador; como diablo incandescente, lujurioso amo del amor; sin culpa y sin temor. Lo que pretendo mujer hacer contigo; es enterrarme en cada poro de tu cuerpo, desde mi sequía abrasadora que reclama, la savia de pasión que hay en tu sexo. Atravesar contigo los albores del diáfano amanecer que conseguimos, y desnudos los dos en la vigilia mirar la nueva vida que parimos.

Los besos que me faltas

Con esta ausencia de besos sobreviene la mañana, enrarecida en el aire por la brisa que me faltas; del susurrado te quiero cuando ayer me despertabas, seduciéndome la vida con el roce de tu alma. Con esta ausencia de besos ¡Ay amor! el dolor de la abstinencia me acorrala, los fantasmas viscerales se retuercen y mis labios resecos: sedientos te reclaman. ¡Ay amor, dolor del alma! Bésame pronto te ruego, quítame esta angustia prensil que me atenaza; se asfixia el aire en el pecho y el llanto en la garganta, cansados de implorarte por los besos que te guardas. Un beso de tus labios necesito; solo uno. Que me ayude a soportar día tras día, la insoportable ansiedad que me tortura y el bullir de la sangre como espinas. ¡Ay amor! Devuélveme los besos que me faltas. ¡Ay dolor! Devuélveme la vida

Almanaque del alma

Mil días, mil horas, almanaque del alma. Que atesora la fragilidad del tiempo y el árbol de la memoria. Era octubre el embelezo de tu piel que provocaba, en los pliegues de mis años la ternura despertada ...y el amor. Diciembre se vistió entonces de almendras y de avellanas. Y tu boca. Y tus ojos. Llaves de mis antojos. Enero era el fuego que se consumía en flama de aquel amor junto al río sobre la verde grama ...y la pasión. Una pausa, un adiós y aquel febrero de calma. Hubo eclipses de soles, de luna; y la noche se hizo larga ...y la distancia. Y volvió a ser octubre el mes de las esperanzas, de renacer en amores como aquel de la añoranza; cuando caías rendida a mi amor que sofocabas con la sabia de tu sexo y el elixir de tu alma ...y la vida reencontraba. Pero fue abril la definitiva distancia; el que se llevó entre sus hojas por las calles del olvido, el almanaque de sueños que forjamos. En irreparable final, arrojó el tiempo en oscuros callejones, las hojas del almanaque muerto, ...

Necesito decirte

Necesito decirte quien soy, ponerme en evidencia ante tus ojos, demostrarte cuanto te siento y que eres a mi vida, mis antojos. Pero no puedo, tengo miedos. Quisiera contarte que soy: el que surca tus noches con un beso, atravesando tus sueños infinitos para dejártelo al borde de tus besos. Quisiera contarte, pero no puedo. He llegado tarde hasta tus años; si me pongo en evidencia, será la angustia de saber tu desprecio, tu mirada de lástima en mis ojos, y mi huída, y tu silencio. Pero me callo, no puedo. Prefiero tenerte cerca, cada día y en silencio, saber que tu no sabes que soy el que besas, cuando atravieso tus sueños.

Esta tonta y bella manera de quererte

Esta bella y tonta manera de quererte tan ingenua como amor de adolescente; tímida, provocadora, en arrebatos de juventud, alborotadamente transgresora. Esta inocente manera de besarte, escondido entre paraguas detrás de los carteles, sonrojados en vergüenzas ante los ojos del caminante. Esta torpe manera de abrazarte: como la primera vez en el parque, con el temor en la piel que la excitación me delate, erecto sobre tu vientre. Esta tonta y madura manera de quererte, que me permite ser cuando tú eres, quien regala en un papel tu nombre, unido al mío enlazando corazones. Esta ambivalente manera de quererte; porque ya no somos adolescentes. hay años en nuestra piel, aquel mismo amor y complicidad en el aire.

Milagro muerto

Un milagro de amor aferrado a la cornisa, agoniza en calma pero sin prisa. Un sable de sombras sesgó su confianza y el salto al vacío era su única esperanza. La negra parca tiraba de sus brazos incitando al amor a morir en pedazos. La duda existencial era su fracaso y la desilusión del amor marcó el ocaso. Aspiró el aroma del aire mojado, se lanzó al abismo desde aquel tejado Sobre negro asfalto rebotó su cuerpo; por la herida abierta desangró su alma y en ríos de olvido se irá diluyendo. Sin darme yo cuenta, un milagro ha muerto.

Piel de durazno

Llegaste impetuosa y flagrante a invadir mi vida ermitaña, eras como un fuego arrasando los secos pastos de mi alma. Brotaste en el silencio de mi vida desencantada; eras la vida en simientes yo la tierra seca y árida, Sembraste con tu ternura de suave piel de durazno, en los pliegues arrugados por la intransigencia de mis años. Me viste crecer a tu sombra, dar mis primeros pasos, era para mi el amor entonces, cenizas que se volaron. Muchos años han pasado, nuestro amor algo ha cambiado, somos los mismos de siempre pero en vida madurados. Hoy mi piel no es la misma, ya mis años se han sumado, y los tuyos como entonces siguen como piel de durazno.

Piel a piel

Hojas muertas arrastra el tiempo, se acumulan en la acera de la gastada memoria; en remolinos se agolpan, en ráfagas se muestran, queriendo auscultar la historia que en el tiempo se aleja. Arrugas de piel ajada entre los surcos guardaban, la tersa piel de tu cuerpo joven como una mañana; eras entonces la plenitud, yo el peregrino en calma, y bebía de tu fuente la fresca brisa del alma. El discurrir fatal del tiempo, detenías con tu vida, el que marca la diferencia entre tu edad y la mía; nada te importó más que la vida aquella, fuimos complementos perfectos, dos caras de una misma moneda.

Uno, dos, cientos...

Uno, dos, recuerdos. Cientos, miles, memorias; aferradas como garras sujetándome a la historia. Nada duele más que el fracaso: de la batalla no encarada, por la cobardía del silencio o la rebelión del miedo. Y fueron: ciento una o mil quinientas derrotas en derroteros; inconclusos caminos no caminados; mediocridad. Miedo de viejo. No es el tiempo quien enseña, es el deseo de tomar lo servido, del muestrario que parido suele llamarse destino. Nada es más imperfecto que el defecto no reconocido; el ignorante no entiende que por ganar ya ha perdido.

Sobrevives a mí

Sobrevives a todo: en los negros versos que te escribo, los que perpetúan tu memoria y de hiedra te han vestido. Ellas hablan del amor, mutado en piedra enmohecida, trepado en grises paredes del alma que no te olvida. Sobrevives aún: a pesar de mi amargura enceguecida, en el recóndito lugar que muerde el tiempo. Y la vida. Transformada en cenizas, en urnas de maderas frías, bajo el peso de negra tierra, en un páramo sin días. Y sobrevives: a la decadencia de mi alma que huye masticando empecinada la angustia que fluye, entre la contradictoria espera por tu vuelta, y la mortuoria tumba de olvido que te encierra. Es mi cuerpo carcelero del alma que te conserva, con arneses de fría espera sobre paredes mojadas, empeñada en retenerte sabiendo que adonde vayas estarás sobreviviendo a mi muerte declarada.