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La extraña pareja

Él llegaba de su trabajo, colgaba su saco en el perchero del placard del ante baño, la mujer silenciosa, le seguía los pasos, él se daba vueltas, le rozaba las manos. Ella sonreía, él con ternura absorbía su sonrisa y sin decir palabras en silencio se abrazaban; luego volaban, ella sus manos en la espalda él con las suyas sujetándola por la falda. Encaminaban sus pasos suaves hacia la alcoba, desnudaban sus cuerpos prenda a prenda, sin la prisa de la urgencia, saboreando la calma, preludio remanso de una próxima tormenta. En la mesas de luz al costado de la cama en ambas un retrato observaban la escena, dos jóvenes adolescentes, hermanos ellos, hijos de un amor, hastiado por el tiempo. Descolgó su saco del perchero del placard, la mujer silenciosa le rozaba las manos, él sonría, ella absorbía esa sonrisa con sus ojos; un beso cómplice, un hasta luego, nos vemos en casa.

Más clara que el agua

Volveré esta noche a soñarte; pondré el reloj en el preciso instante para que me despierte cuando llegues a caminar por el estío de mis calles. Nada puedo darte, la vida no es tan fácil el amor oscuro, no sirve para nadie; dices que me amas pero solo es tu alma que a tu soledad le dibuja paisajes. Tienes el mundo por delante, a tus ojos eres la dueña del aire, destilas su mezcla de oxígeno y sabores, de tu piel los aromas absorben las flores que recoges. Nada puedo darte, lejana estás más que nadie aunque mi corazón se sobresalte, cuando asomas en la ventana de este cielo tan volátil, tan efímero y tan distante. Llegas y alborotas mi aire con tus sueños de volar airosa a mundos distantes, donde los mares dejan de ser murallas y la nostalgia una bella esperanza. Ya debes despertar, nada más claro que el agua, no tengo nada para darte, eres luz de vida yo apenas si llego al ocaso de la tarde y con escasas energías en el alma. Pondré el despertador a la hora exacta, en el preciso instante...

Vestigios de tu cuerpo

Me he olvidado todo de ti, hasta de la noche que tu cuerpo irisaba el aire con destellos; torres de tensión eran tus senos. Yo, el dínamo que movía tu cuerpo; tú la máquina perfecta, el complemento. Retroalimentabas al instante mis energías en cada excitación de tus movimientos. Un vestigio de tu cuerpo entre mi cuerpo, atenazando la estirpe de mi sexo entre los labios de tu sexo hambriento. Pero de todo esto nada recuerdo. Que tu último beso fue en ese momento cuando el éxtasis consumía los anhelos, y los fuegos clandestinos de tus besos arreciaban en mis vientre hasta lo erecto. Nada recuerdo, ni tu adiós partiendo con tu desnudo reflejado en el espejo; tus ropas arrugadas en las manos y tu sonrisa en el rictus de mis besos.

Dos labios

Tarde de sol : dos labios, otros labios, un vidrio, una ilusión y un beso dado al reflejo. Murieron : la tarde, dos labios, la ilusión y el beso en el reflejo. La noche pinta un parche de luna en el silencio.

Belleza efímera

Venimos del mismo origen genes de una misma madre; tú eres la belleza de su cuerpo yo tubérculos deformados. De ti han escrito mil poemas, mil pintores te han honrado, eres la más bella de las bellas, yo debajo de tu sombra ignorado. En las manos de los hombres, eres elogio corolario del amor, yo el protector que esas manos no violen tu belleza con dolor. Manos que superan mi barrera en vano intento que no te hieran, y te arrancan en lagrimas de savia y a la muerte segura te condenan. Y vienen otras a suplir tu vacío, el mismo ritual, el mismo sino, mientras tu belleza de rosa es efímera, mi torpeza de espina sigue su camino.

A veces eres

¿Sabes? A veces te vuelves humana; cuando dejas la tierra por el aire ensuciando los muebles y las flores, y olvidas el plumero y el desaire, si desatan tu delantal mis deseos y te busco por la espalda de tu talle. A veces. Te escapas de tu paisaje de cacerolas, de cubiertos, de limones, de la cocina que alimentas con tu vida desde el alba hasta el tiempo que dures, y te exprimes en jaleas de sonrisas cuando los niños se acercan a besarte. Solo a veces. Dejas de lado; los deberes de tus hijos, los planchados de camisas, los lazos cortados de mis viejos zapatos, y te acercas con culpas a tu alma y la vistes; de carmesí los labios, de rimel los ojos, pintas un lunar en tu mejilla, y vives.

Que se duerma el amor

Esta noche es noche de sexo; no es tiempo de hablar de amor, no es importante decir te quiero, ni dibujar la luna entre tus senos. No importa el aire que respiras ni mis dedos trazando, te quiero, desde tu monte de Venus hasta la gruta del deseo. No quiero hablarte de trinos rondando nuestro universo, de cristales de agua clara manando desde tus sueños. Que corran en otro momento cuando mi río esté seco, hoy lleno su cauce quiero desembocarlo en tu cuerpo. Que no suenen melodías ni brillen luceros en el cielo, que el amor duerma en silencio; esta noche es noche de sexo.

Ráfagas de amor

Lluvia de sol por la ventana, fría taza de café en mis manos; otra taza vacía, pero sin manos, una melodía hueca; y la nada. Nada estará como entonces la casa se llenó de recuerdos, desde los resecos jardines al jugo estéril del limonero. Ráfagas de amor, lo recuerdo, entre planicies de tiempos; yo con mi diario en la mesa, ella en su eterno silencio. De a poco se fue muriendo; absorbida por las dunas como agua en el desierto, una rutina absurda, solo eso. Lluvia de sol por la ventana, el sabor a café ya no lo siento, un lugar vacío en la mesa y este fugaz recuerdo.

Esa terrible costumbre (una mancha en la pared)

Terrible esa costumbre de ignorarme como estambre colgado del alambre, las manos abrazando telarañas y mis vinos enredando los paisajes. Me dejas detenido en los andenes esperando ese tren que nunca llega, las vías extinguidas que no mueren y ese horizonte eterno que se aleja. Terrible esa costumbre de ignorarme pasaste por mis sienes tantas veces, mirando como quien mira el derrumbe de lava de volcán que se estremece. Pisaste mis huellas tantas veces en los caminos donde fui a buscarte, siguiendo esta utopía de tenerte pero fuiste viento y te marchaste. Terrible esta costumbre de ignorarme suciedad en la pared, un enchastre, que el tiempo (por ti) vendrá inexorable con el pincel del olvido para taparme.

Poesía vacía (otra más)

-Agradezco tu paso por mi poesía; tu palabra alienta mi osadía. -Sé que tu corazón es sincero al expresarme te quiero. -Gracias nuevamente por tus trazos, pasaré por las tuyas, dejaré abrazos. -Ya sé, tenemos los mismos criterios para pensar del asunto sin misterios. Si, tenés razón, aún no colgué mi poesía; me pareció absurda, incoherente en demasía. Quise darle un tinte que pueda ser comprendida, por ojos de corazones que no hurguen en mi herida. ¿Y porqué los comentarios que te preceden arriba? Solo ensayaba respuestas para algún poeta escriba, que pudiese dejar comentario si subiese mi poesía. Ellos solo definen, me gusta, rima perfecta, en armonía; pero sé que sus ojos ven otra tanta de mis mentiras. Quiero decir las razones precisas, las que siente el alma mía, pero no encuentro palabras, solamente esta tonta y vacía poesía.