Venía la rueca con rumbo circular tejiendo bufandas a la angustia; las agujas desabrigadas del tiempo delataban los puntos suspensivos; los demás abandonos eran puntos seguidos. /Juana lloró esa tarde/ Había razones entre sus dedos de chocolate; involuntarias y superfluas; burdas imitaciones de una vida. /Rodó un pañuelo en vuelo incierto/ Es la voz de la intemperie un sonido hueco, deshabitado, desalojado de instintos, huérfano de verbos conjugados. Juana teje surcos rojos en sus ojos. La tarde llueve calle abajo del abandono.
Comentarios
Hay estatuas que sólo agradecen con la mirada...y es muy lindo.
Cuánto vale una mirada agradecida?
Qué precio le ponemos?
Sabés que no le puse contador a mi blog...estaré desegocentrándome???
:)
Un abrazo de peperina para Daniel
y muy bienvenido!