Venía la rueca con rumbo circular tejiendo bufandas a la angustia; las agujas desabrigadas del tiempo delataban los puntos suspensivos; los demás abandonos eran puntos seguidos. /Juana lloró esa tarde/ Había razones entre sus dedos de chocolate; involuntarias y superfluas; burdas imitaciones de una vida. /Rodó un pañuelo en vuelo incierto/ Es la voz de la intemperie un sonido hueco, deshabitado, desalojado de instintos, huérfano de verbos conjugados. Juana teje surcos rojos en sus ojos. La tarde llueve calle abajo del abandono.
Comentarios
EL que no prueba la suerte merece la muerte .ES un dicho q decia mi papa y siempre lo tengo presente
espero poder conversar contigo ok estoy en la compu
cali
cali
besis
cali adinolfi
espero estes bien y te envio besos
cali