sábado, 28 de mayo de 2011

Al costado de los labios

¿Qué dirías luego del primer abrazo,
luego del preludio amanecido,
acurrucando un fulgor entre comillas,
delatando ojeras trasnochadas?

De haber imaginado que el queso de la luna
alimentaría los ratones de los vientres,
hubiese planeado una estrategia,
un ardid de enamorado,
para no dejarte a dos pasos de la huída
o a un palmo del último pecado.

Abrase visto tanto descaro,
tanta virtud de estafador,
que para seducirte
he timado los versos a un poeta,
libado la paz de los laureles
para liberarte conmigo.

¿Qué dirías entonces al cerrar la piel
sobre los trazos de los sueños
para dejarlos abiertos
sobre la mesa de noche,
al costado de los labios?

/Se recuesta la espera
en los pies fríos del poeta.

Subyugado por tersuras de axilas
bosteza un almanaque la pereza de los días /

¿Qué dirías ahora que se acaban los versos
y las palabras añoran
rearmarte en poesías,
y no encuentran los labios
en el lugar que besaste?

Acaso no sepas; abrió Mayo
sus ventanas ateridas
colgando en la silla la piel del tiempo;
que sonidos de cuerdas
atraviesan cordilleras
hasta tus mejillas.

Quizás calles y muerdas la alfombra;
lo besos besados;
las descorchadas corcheas del silencio
que allanarán tu morada diciendo:
que tarde se hizo y arrecia el invierno.

domingo, 15 de mayo de 2011

Arenga a los amores secos

Ella contaba las horas, las caídas,
los naufragios azules de sus ojos;
me hablaba de un tiempo extraño
donde la humedad de la piel
jugaba con las ranas de los charcos;
todo era sublime, como un cuento de lluvias.

Ella hablaba por mí;
decía que volver cada tanto
a remojar los pies en los recuerdos,
arengaba a los amores secos
y le plantaba una sonrisa a la utopía.
Que amar por amar; inventar una ilusión,
era desgarrar el aburrido hastío
hasta dejar entrar un brazo suave
que abrace, que tome por detrás a la penumbra
y le aclare al silencio que nada regresa de la muerte
y aún así, seguir amando.

Y me habló al oído.
Murmuró chubascos sobre los hombros,
descerrajó cortinas de luz
sobre una noche espesa
donde su boca evolucionó un llanto
hasta entonces reprimido.
Cerré los ojos y se durmió conmigo.