jueves, 21 de mayo de 2009

Para tu regreso

Quizás te preguntes en el camino de regreso
cuando la realidad descorra las cortinas
y tus calles, nuestras calles ya no estén vacías;
si mis alas sirvieron para impulsar tu vuelo
o simplemente caerte de bruces al pavimento.


Imagino que no, que tu cielo será distinto
aunque estén las mismas nubes presentes,
porque sabrás eludir la realidad mezquina
y recalar en un diferente puerto,
donde tus alas hastiadas se fortalezcan.


Seré entonces apenas, si aún me quieres;
tu aprendiz de maestro, de guía, de orfebre,
el que talló otrora tus sueños de virgen mimbre,
flexible, maleable a tus formas,
y se volvió urdimbre de tus redes.


Te volverás etérea, ave de suave canto,
de jaula abierta libre para tus vuelos claros
y hasta quizás no regreses al mismo cielo
porque sabrás entonces, sólo entonces
que ya tracé los caminos para tu regreso.

Enterneciendo amor

Yo vivo, sí que vivo;
escapando a veces, sólo a veces
de mi mismo
hacia un adentro profundo, íntimo,
en el que persigo
una esencia adormecida.

A veces me encuentro, sólo a veces;
desenrollando caminos,
enterneciendo un pasado repetido
que emula mi sentir
que hoy no es el mismo
pero; yo soy el mismo.

Como un cliché ocioso
sin imaginación, aburrido.
Y te veo entonces y me pregunto
¿en cuál lugar de mi vida encajas?
porque agotados mis caminos
desparramas tu fértil simiente.

En cual lugar encajas no imagino
pero seguro sé que es el mismo,
que propone este juego de palabras
enredadas de entusiasmo tímido,
regando con vino la fiesta
de un amor ayer adormecido.

Y vivo, sé que vivo;
absorto tal vez en mi delirio,
aferrando un sutil sueño
un quizás ilusorio camino,
vasto de incertidumbres amor
pero; qué bueno que estés conmigo.

sábado, 16 de mayo de 2009

Bello tormento

Se equivocó el amor,
no es para amar este preciso momento,
apenas somos instintos de querernos;
se equivocó el amor y fue violento.


Con tu fuego, en el simún de tu desierto
me ahogo en dunas de piel y viento
pero… ¡que bello tormento!

Rapsodia

Sé que estás
isla lejana,
mides mi distancia;
espero.
Miro tus dedos;
rozan, dibujan, sueñan,

extremidades al aire
platican vuelos;
bocas ardientes mojan,
muerden,
subyugan vientres.

¡Qué importa
si el mañana duele!

Hoy es vida amor
futuro quizás ausente;
hay un abismo insoslayable...

¡Qué importa!
Hoy es vida amor,
mañana es tarde.

Caemos en sortilegios:
tus arpegios de inocencia,
mi cítara celosa en
rapsodia enamorada;
si mañana es silencio...

¡Qué importa!
Ejecuto hoy tus ritmos,
tú los gozas.

Veinticuatro escalones

¿Y tú, qué sabes?
Yo te amé a mi estúpida manera;
fui procaz, suicida, buscador de velas
arriadas en horizontes para mi barca
de herida abierta.

Y te llevé en albores
timonel de cuatro velas,
leyenda azul de horizontes
confundidos en los míos;
y aún así, tú ¿Que sabes?

Te aferraste a mis miradas,
espejismo y ventolera,
caprichoso verano que transgrede
este otoño sin ocres que no llega
y estás allí, permaneces intacta
en los márgenes de mi memoria,
cascabel de mariposa
pared besando enredaderas.

¿Y tú, qué sabes?
de madrugadas insomnes
encallado entre las islas;
bravura azotando mares,
última nieve en primavera;
y aún así te crees reina.

Subiste uno a uno los peldaños,
veinticuatro escalones, dos años;
abajo la calle musita madreselvas,
Córdoba amor, la tierra;
bájate a ella.

viernes, 1 de mayo de 2009

Vale la pena

Te presiento; me volvería frágil,
expuesto a tus comisuras,
a tus senos que imaginan mi tacto
inmaculada criatura.

¡Al infierno!
Por pecar entre tus piernas.