miércoles, 28 de julio de 2010

Mujer de hierba




Ahora es hierba,
su imperecedero frescor
arremolina entre mis vuelos de poeta,
sólo puedo absorber su verdor
como savia; como alimento,
sólo su recuerdo.

Muerde uno a uno mis dedos,
jala el gatillo de mis verbos,
la esperanza de cuatro pétalos se ciega
y susurra al oído de las hojas
su abandono de piedra
que abraza las palabras
donde ella reposa;
mi memoria.

Es mi memoria;
ella canta porque es más que mi canto
es más que dos bocas entreabiertas
enamorando espejos
lamiendo el rubor de su propio rostro;
mi rostro que bebe su reflejo.
A veces evitamos las miradas,
hasta que vuelvo a llover
y ella llueve conmigo.

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