lunes, 13 de diciembre de 2010

Cuatro labios de rosas

Puedo ser el perro bajo el carro
y seguir el derrotero de tus carnes,
hasta extraviarme donde acaba el norte
de tu inescrupulosa vagina.
Puedo ser el alienígena
en tu planeta extraño
de rulos en la boca
y de cuatro labios de rosas
dulcemente perfumados.

Le hablo a tu epidermis,
la que desase mi lengua húmeda;
la que respiro como dosis de café de insomnio
masticando los sabores de la última cena,
pensando que el tren que pasó
desabrochando tu sexo encapullado
despertó la virginidad del paisaje.

Quien dijo que la carne es pecado,
seguramente no ha probado tu ostra madura
ni ha navegado por las olas de tu infierno
en un viaje de ochenta millas,
alrededor de tu clítoris.

2 comentarios:

reltih dijo...

SI MI AMIGO!!! TREMENDA SENSUALIDAD.
UN ABRAZO

Daniel dijo...

Gracias amigo por tu visita, un abrazo hasta vos.