sábado, 23 de octubre de 2010

Se dejó abrazar

(Para vos)

Se dejaba abrazar
cual columna de enamorados;
se descolgaba desde sus ramas
y la mirábamos deslizarse tronco abajo
como una danzarina de caño,
de los bares donde acaban
los que no tienen donde acabar la noche.

La llamábamos Madreselva;
cuerpo sutil trepador de piernas,
lividez de mármol,
generosa piel a bocas hambrientas.

Pensó una noche
mientras descendía
por el pasamanos de un amante:

-No hay hambre más grande
que el hambre de amor sin retorno
ni sed tan ávida que la sed de una piedra
en el ostracismo del fondo del mar.

Y salió a buscar cornisas de cielos,
se volvió tejados de otros tejados,
husmeó las paredes manchadas
de Romeos y Julietas.
No subió escaleras, sólo se abrazó a ellas;
se dejó llevar hasta darse cuenta
que el cielo estaba en su esencia.

Entonces descendió sin prisas,
encendió el cigarrillo de la noche
asióse al pasamanos
del amante más próximo.

Se dejó abrazar.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

mmmmm...nadie se hizo eco???

Daniel dijo...

¡Hola anónimo!Tu nombre me resulta conocido. Gracias por ser el/la primero/a en comentar. Y sí, es verdad; nadie se hizo cargo del muerto. ¿No le habrá gustado el poema?
Gracias por volver.