domingo, 31 de enero de 2010

Supongo que fue tu manera de amar



Ayer te vi mujer;
nunca te amé tanto como ayer
ni cuando sostenías mi vida de tu hilo
desmadejado debajo de tus pies;
pisabas mis pies.

Supongo que fue tu manera de amar.

sábado, 30 de enero de 2010

Los pájaros que inventamos




Donde ya no estás, supura el plomo.
De sus órbitas atómicas
huyen los pájaros,
los locos pájaros locos
con sus risas histéricas.

El gris obtura el cielo
y no sé si lloverá,
o sólo son nubes pasajeras
espantando al último tren
que se evapora,
como sus bufidos de vapor gris.

El tren de los pájaros locos;
de los pájaros que inventamos.

domingo, 24 de enero de 2010

Como todas las rotas margaritas




He visto el amor rondando los parques,
entrelazados ausentes, como si nada importara;
lo vi resuelto a someter cuerpos,
reducirlos a pieles desnudas,
osadamente desnudas.
Se arrastraba tras los árboles,
se dejaba llevar en andas, en cuclillas
o mansamente caer en la hierba;
chorreaba estaciones, cualquiera, todas juntas.

Florecía en tréboles,
entre piernas de enredaderas, senos rosados,
rosados como la juvenil vergüenza
que ausente se desprendía de pudores
sobre la hierba o sobre otro cuerpo verde,
verde de besos, de colibríes alborotados
sorbiendo polen fresco.

Lo he visto refugiarse en la sangre del fuego
transpirando aromas,
alelado de axilas, dormirse luego, relajarse
y volver a ser pudores cómplices.

Y he visto un amor atardecer,
refugiarse absorto entre distancias sin laureles ni boletos,
subyaciendo en la gris mansedumbre de los días
como la noche que inevitablemente nace
para morir en silencio;
como todas las rotas margaritas.

viernes, 22 de enero de 2010

De esperas y lluvias




He aprendido a sesgarte,
a desdoblarte desde la esfinge a tu carne,
desde la primera alborada hasta tus axilas de jazmines
hasta ser el ombligo que te separa;
todo eso con la habilidad de mis manos
y el crudo invierno de los ojos
que arrecia al abrazar aire,
el aire inconsistente donde antes estabas.

Pasas pero no pasas
por el cedazo mezquino de intenciones
de permanecer incólume
en la borra del café,
en lo que llamé huellas de amor
de madrugadas imperecederas.
Onírico despilfarro de deseos
voluptuosos. Tras la derrota
la incongruente vigilia se apoltrona
a esperar una revancha;
la última lluvia antes de la resignación.


Gracias tuti (Anna)

martes, 19 de enero de 2010

Cuando calló la ola




Le di mis calles,
mis pasos gastados de seguirle,
los pedúnculos de mis manos;
todo porque había una urgencia
enredada en el aire.

Fue la noche del diluvio,
donde las bestias apareadas en las sombras
esperaban su arca hacia el exilio.

/ Yo, un paquidermo noctámbulo sobre el tejado,
y el ancestral miedo que dentro del morral
hubiese una jauría de ratones acechando /

Le di mi absurda melancolía,
las pálidas farolas de mi acera,
el surco de glicinas desprendidas
corriendo al costado de su huída.
Fue la noche del diluvio.

Cuando calló la ola
los ratones ya no estaban;
ella tampoco.


Obra: EL ARCA Y EL DILUVIO - Gustavo Aimar

sábado, 16 de enero de 2010

De todos modos



Me basta saberte;
aun en la desfachatez
besando otras pieles
ajenas,
distantes,
mientras elucubras
indiferente
mi ausencia.

Cuando supongo
que existes;
me basta con saberte.

Grillos




Tus recuerdos…
tus recuerdos…

cri-cri,
cri-cri,
cri-cri…

¿Dónde diablos dejé tus recuerdos?

viernes, 15 de enero de 2010

Donde las mareas



Brotó en la calle
de improviso,
como un trueno seco;
descerrajó dos balazos de miel
sobre mis ladrillos de vidrio,
mis dos ojos de vidrio,
mis lirios ciegos;
irrigó arterias
donde hubo intemperie de cirios.

Se aposentó dueña
ama-da-ma-gestuosa,
señora de la vorágine
con su espada cantarina
entre mis costillas y la coraza.
Fue mucho, mucho más
que un sincope de mareas,
mucho más.
Demorará en retirarse.

lunes, 11 de enero de 2010

Quizás te escriba algo




Como un puzzle de sueño y piel
intento rearmar mi memoria.
Veintiuna piezas; noventa y nueve versos;
mil otoños de marfiles de sonrisas
y una canción que ya no desespera.

Tantos días para re-armarte, para enmarcarte.
Cinco lunas congeladas en la nevada de agosto,
veintidós nuevas primaveras.

Benedetti y su paso que pasa… ay! no me tientes,
que si nos tentamos no nos podremos olvidar…

Y no se puede olvidar
un puzzle incompleto con todas sus piezas;
la clave de sol que no está enmarcada
aunque brille con su ausencia.

Colocaré mi pieza, mi puzzle completo,
la memoria que no olvida enmarca el sueño.

Quizás amor, en otra primavera… te escriba algo.

sábado, 9 de enero de 2010

Aquella tarde




Toqué su hambre,
adoré su virtud preñando vuelos
y en la costa de isla inexpugnable,
con cuarzo y fuego
fertilicé su piel de arena.

Estalló en rojas flamas
el cerrojo de su cáliz.

Llamó al mar y lavó su vergüenza;
aquella tarde.

viernes, 8 de enero de 2010

Coordenadas de un triángulo




Todo desaparece en la rotación
estéril de la tierra. Luego regresa.
Cerramos los ojos y la osa mayor ya no está
en el punto exacto de la esfera.

La mesa cotidiana,
disimula debajo del mantel,
rodillas clandestinas en preludios.
Debilidad consensuada;
mi pie dentro de su braga.

Fueron sus ojos la geometría,
las coordenadas de un triángulo,
marcación celestial de un big bang.

Luego desaparecimos los dos:
mi pie y yo.

No regresamos.
La osa mayor señalaba -debajo de la mesa-
el vértice exacto de un triángulo.

martes, 5 de enero de 2010

Afuera corren buenos tiempos





Calma, afuera corren buenos tiempos,
y el aire, sortilegio de amapolas,
enamora la ansiedad de la espera.

Deja que tus marfiladas manos
añoren el bronce de las estatuas
con sus historias de verdes oxidados;
no corras tras las palomas
ellas sólo recogen migajas de los escombros.

Sé tu misma, no te inventes.
Fluye como el aire debajo de los aviones,
levanta vuelo desde tu torre.
Erige un castillo con miserias que te incomoden,
destruye el puente sobre su fosa,
siéntate a ver tu obra; y sonríe.

lunes, 4 de enero de 2010

Encuentros (Cuartillas trisílabas)




Seduces
al aire
que pasa
dormido.

Aromas
en besos,
perfumas
auroras.

Estampan
tus labios
la boca
deseada.

Derrites
deseos;
suprimes
angustias.

-----

Podría
amarte
sin miedos,
por siempre.

Ser calma,
abrigo
al viento,
ciprés.

El vino
del sueño
que riegue
insomnios.

El hábil
botero
que bogue
tu piel.

/ Ser sólo
amantes
urdiendo
encuentros /

sábado, 2 de enero de 2010

Amnesia




Tengo la extraña sensación de haberte muerto antes;
antes de los litúrgicos recuerdos dominicales
en la voz que te nombraba entre los coros de murmullos.

Querías descansar en los fantasmas y yo te mataba,
tantas veces como brotes renacías
en los pliegues de mi obtusa memoria.