sábado, 9 de enero de 2010

Aquella tarde




Toqué su hambre,
adoré su virtud preñando vuelos
y en la costa de isla inexpugnable,
con cuarzo y fuego
fertilicé su piel de arena.

Estalló en rojas flamas
el cerrojo de su cáliz.

Llamó al mar y lavó su vergüenza;
aquella tarde.

2 comentarios:

Paco Alonso dijo...

Excelente forma de lavar su vergüenza al ser fertilizada su piel.

Gracias por compartir.

Cálido abrazo.

Daniel dijo...

Muchas gracias Paco por tu visita.

Mi abrazo.