domingo, 5 de octubre de 2008

Octubre, el de la plaza

No existía mientras no estabas,
llegaste en la madurez y en la soledad de mi alma,
no he nacido para ti, yo ya estaba,
esperándote sin esperarte,
agazapado en el tiempo,
resignándome a mi nada,
y era octubre, que reverdeció en esperanzas.

Nostalgias de un octubre, de un año marchito,
resurgías de la nada como un duende de la noche,
te prendías a mis ojos y nunca te marchabas,
Octubre de la plaza, de las flores amarillas
del árbol que nos cobijaba.

Octubre amor, cuando éramos apenas un beso de apuradas,
entre tus urgencias y mis deseos que no te marcharas,
y los ojos indiscretos y nuestra audacia,
y el camino que subías cuando corrías a tu casa,
apurada por el tiempo de justificar tu tardanza.

Octubre amor, aquel el de las esperanzas,
nada volvió a ser desde entonces,
nada más que esta nostalgia,
que se repite en cada verso
cuando evoco tus miradas,
y es doloroso decirlo,
no naciste para mi, yo ya estaba.

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