sábado, 14 de noviembre de 2009

Sin reglas





Pernotar en la mansedumbre de un vientre
despojado de obscenidades ajenas
sin preámbulos ni perentorias urgencias;
sin las mentiras abstractas de un te quiero,
de un extrañamiento innecesario
soslayando las normas de los que dicen.
Sin escuchar los ruidos de las piedras
tras las cortinas que señalan.

Y nuestros ruidos no mienten,
no fingen orgasmos del alma
que saturen oídos en complacencia;
somos gemidos en concierto, al unísono;
sólo la intención mezquina de usarnos
sin límites ni candados.

Ya no nos amamos
o quizás renunciamos a esa locura de pertenencia
al egoísmo mundano de ser dos en uno
para ser simplemente humanos en vigilia;
violadores subterráneos en los deseos
sin objetivos, ni intenciones
sin contraindicaciones de prospecto
ni temor a reacciones secundarias.

Así nos bebimos, desde afuera hacia dentro
desde adentro hasta las miradas,
hasta las axilas de los labios
que exudaban intenciones húmedas
sobre otras humedades.

Y jamás volvimos a amarnos pero hay tanto amor,
tanta certeza en esta incertidumbre de amantes
que la vigilia es el instinto humano que nos busca
y nos encuentra sobre vientres
despojados de reglas.

2 comentarios:

La abuela frescotona dijo...

el amor-pasión de los amantes,la libertad,la costumbre del encuentro,es un poema piadoso sobre la soledad , es triste. un abrazo querido amigo Daniel

Daniel dijo...

Lo amantes en su conciencia cómplice rara vez son tristes.

Gracias mi querida abuela.
Este abrazo.