miércoles, 26 de noviembre de 2008

Almanaque del alma

Mil días, mil horas, almanaque del alma.
Que atesora la fragilidad del tiempo
y el árbol de la memoria.

Era octubre el embelezo de tu piel que provocaba,
en los pliegues de mis años la ternura despertada

...y el amor.

Diciembre se vistió entonces de almendras y de avellanas.
Y tu boca. Y tus ojos. Llaves de mis antojos.

Enero era el fuego que se consumía en flama
de aquel amor junto al río sobre la verde grama

...y la pasión.

Una pausa, un adiós y aquel febrero de calma.
Hubo eclipses de soles, de luna; y la noche se hizo larga

...y la distancia.

Y volvió a ser octubre el mes de las esperanzas,
de renacer en amores como aquel de la añoranza;
cuando caías rendida a mi amor que sofocabas
con la sabia de tu sexo y el elixir de tu alma

...y la vida reencontraba.

Pero fue abril la definitiva distancia;
el que se llevó entre sus hojas
por las calles del olvido,
el almanaque de sueños que forjamos.
En irreparable final,
arrojó el tiempo en oscuros callejones,
las hojas del almanaque muerto,
cuando el amor dejó de ser un sueño.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Por suerte otro almanaque comienza.. Por suerte hay mas primaveras para disfrutar.
Te quiero.

Daniel dijo...

Así es mi querida anónima, siempre hay almanaques que comenzar, hojas nuevas, tiempos nuevos.

Te quiero también.