miércoles, 19 de noviembre de 2008

Uno, dos, cientos...

Uno, dos, recuerdos.
Cientos, miles, memorias;
aferradas como garras
sujetándome a la historia.

Nada duele más que el fracaso:
de la batalla no encarada,
por la cobardía del silencio
o la rebelión del miedo.

Y fueron:
ciento una o mil quinientas
derrotas en derroteros;
inconclusos caminos no caminados;
mediocridad. Miedo de viejo.

No es el tiempo quien enseña,
es el deseo de tomar lo servido,
del muestrario que parido
suele llamarse destino.

Nada es más imperfecto
que el defecto no reconocido;
el ignorante no entiende
que por ganar ya ha perdido.

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