sábado, 31 de enero de 2009

La extraña pareja

Él llegaba de su trabajo, colgaba su saco
en el perchero del placard del ante baño,
la mujer silenciosa, le seguía los pasos,
él se daba vueltas, le rozaba las manos.

Ella sonreía, él con ternura absorbía su sonrisa
y sin decir palabras en silencio se abrazaban;
luego volaban, ella sus manos en la espalda
él con las suyas sujetándola por la falda.

Encaminaban sus pasos suaves hacia la alcoba,
desnudaban sus cuerpos prenda a prenda,
sin la prisa de la urgencia, saboreando la calma,
preludio remanso de una próxima tormenta.

En la mesas de luz al costado de la cama
en ambas un retrato observaban la escena,
dos jóvenes adolescentes, hermanos ellos,
hijos de un amor, hastiado por el tiempo.

Descolgó su saco del perchero del placard,
la mujer silenciosa le rozaba las manos,
él sonría, ella absorbía esa sonrisa con sus ojos;
un beso cómplice, un hasta luego, nos vemos en casa.

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