sábado, 17 de enero de 2009

Moisés: el hombre y la poesía

Moisés hombre, libre pensador, erudito en poesía, travieso trova que solía escaparse para escribir breverias en grandes lajas con sus amigos; su pasatiempo preferido.
Desaparecido por mucho tiempo: una de sus amantes preocupadas salió a buscarlo a su refugio en la montaña; Moisés, por temor a ser descubierto en sus pasiones, trató de esconder sus escritos pero en la desesperación se rompieron varias lajas que quedaron esparcidas por el piso. Hasta ahora solamente se conocían unos pocos versos que en su momento fueron recuperados los cuales están resaltados.
Esta es la reconstrucción completa de aquellas posibles breverías que pudieron escribir Moisés, y sus amigos.



Amor, sé que el adiós es siempre inoportuno,
pero el destino exige que me vaya;
y aunque esté en el destierro, sé que me
amarás. ¡Adiós! Sobre todas las cosas
nunca olvides que te quiero y sé que este amor que me llevo
significará para ti un suplicio. Recuerda, me juraste que
no tomarás. El nombre de dios, en vano
reaclamar detener mi camino, mi partida amor
no significará el olvido, y cuando me haya ido,
dejaré a otro la protección de tus sueños, y sé que
santificarás el día del señor
que velará por ti.
Puedo decirte que esa persona es tu padre,
que vive en la casita de la montaña, y júrame que
honrarás a tu padre y a tu madre
esos que te quieren tanto;
y cuando estés con ellos y el tiempo te hastíe,
no matarás
sus ilusiones de verte crecer como una mujer,
de nobles ideales y actitudes en la vida;
no cometerás actos impuros
ni aún cuando la carne reclame a gritos
y mi presencia extrañes en las noches vacías;
no robarás
del baúl de los recuerdos ni uno de mis besos
para arrojarlos al aire y tus penas y tristezas
no levantarás. Falsos testimonios ni mentiras
deberán murmurar las voces inquisidoras
que espían envidiosas tras los postigos de sus miserias.
No consentirás pensamientos ni deseos impuros
de la lascivia animal de los hombres
que te ofrecerán riquezas. A cambio de tu cuerpo;
no codiciarás los bienes ajenos;
tu virginidad espiritual vale más que ellos.
No te rindas amor, aún en el adiós sabes que te quiero.

Moraleja: tiempos pasados no siempre fueron mejores.

No hay comentarios: